Flasheando arriba del furgón

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Por Emiliano Vega.

Fernando Aíta (40) utiliza una cámara estenopeica hecha con una cajita de fósforos para explorar a los viajantes que día a día se suben a los furgones de la línea Roca. La experiencia trasciende las fronteras individuales de la fotografía al transformar sus propios viajes en una experiencia artística colectiva.

Furgón Flashero es su segunda muestra individual en la que se observan sus primeros ensayos a color. “Puedo sacar con el celular, pero prefiero hacerlo de una forma más artesanal” dice Fernando a modo de declaración de principios. “Son como las fotos de antes, me gusta como salen y los efectos que se logran” se entusiasma.

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Fernando Aíta, retrata a los pasajeros que viajan en el furgón.

 

El autor explora el mundo que se propuso retratar siendo parte, naturalmente, de ese contexto. El precario dispositivo que usa dialoga con el entorno, sin resultar invasivo ni ajeno. Fernando Aíta vive en Avellaneda, trabaja de lechero y en paralelo viene desarrollando una carrera artística: es poeta, colabora en varios proyectos grupales y desde hace cuatro años experimenta con la fotografía no convencional.

“Estenopeica significa que la cámara no tiene lente” explica Fernando. El sistema es similar al de las antiguas cámaras hogareñas con rollo; la cámara casera – pegada con cinta aisladora- la puso dentro de una caja de fósforos para lograr oscuridad y en un costado hizo un pequeño agujero para capturar las imágenes del exterior.

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La cámara estenopeica de Aíta, también se expone.

 

Sus fotos surgen en 2013, cuando viajaba todos los días con su bicicleta en los furgones de los viejos trenes diésel del Roca para hacer el reparto por las localidades del sur del conurbano. Aíta tomaba las mismas formaciones ferroviarias – tanto de ida, como de vuelta – lo cual originó que estableciera vínculos con los pasajeros que veía y fotografiaba a diario. “Siempre llevaba copias mini, así que cuando veía a alguno que le había tomado una foto, se la regalaba” dice con nostalgia.

Antes que finalizará ese año, Fernando organizó una suerte de happening arriba del furgón. Tras meses de compartir viajes, el grupo coordinó una fecha y un horario para que todos coincidan en el mismo tren. La consigna era que cada uno llevara una sidra para brindar mientras se hacía una muestra efímera in situ. El fotógrafo se encargó de llevar las ampliaciones de sus obras y junto a los demás, realizaron el montaje. Fue una acción participativa y aleatoria donde cada uno tenía su propio criterio curatorial.

“Al año siguiente, me cambiaron el recorrido del reparto y dejé de tomar los mismos trenes en los horarios que acostumbraba” dice; “y como electrificaron el ramal, dejaron de circular los furgones que iban separados del tren, ya no es lo mismo” se lamenta. Si bien él ya no sacó más fotos en el furgón, siguió retratando el hostil viaje ferroviario. Esas fotos también pueden verse en el primer subsuelo del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

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La muestra se puede visitar gratis en el CCC.

 

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