Una pasión independiente

Por Francisco Giangreco.

Lejos de míticas marquesinas y luces de la ruidosa calle Corrientes, cuna del teatro argentino, hay lugares donde se respira y vive el teatro de otra forma. Me refiero al teatro independiente, que tuvo sus comienzos en nuestro país a principios del siglo XX, consolidándose más tarde con el legendario Teatro del Pueblo, y que hoy necesita de mucho esfuerzo para seguir subsistiendo.

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Miguel Ángel Spano en acción. “Chantas… y algo más”, de Charly Palermo.

En Buenos Under pudimos hablar con Miguel Ángel Spano, un actor y director, que vive en carne propia el día a día de la contra cara del teatro comercial: el teatro independiente, que tiene como su mayor motor a la pasión. Les compartimos nuestra charla con Él:

¿Qué diferencia al teatro independiente del comercial?

La principal diferencia entre el teatro independiente y el comercial es que en el segundo siempre hay un productor que paga y se hace cargo de todos los gastos: escenografía, sala, y los sueldos.

El actor del teatro comercial es contratado con un sueldo fijo y en el teatro independiente no. Acá trabajamos a porcentaje, un punto para cada uno, somos una cooperativa. Entre todos afrontamos los gastos y conseguimos lo que precisemos para llevar adelante la obra. Con lo que se recauda pagamos la sala, que nunca es gratis, y si sobra algo de plata lo repartimos entre todo el grupo.

¿Qué sacrificas por el teatro?

Muchas cosas. Imagínate que uno trabaja para poder disfrutar de estar acá, porque de esto no se puede vivir. Entonces todo el esfuerzo que te lleva armar una obra, hay que sumarlo a nuestra jornada laboral diaria. Y ni hablar de que atrás nuestro hay una familia que nos banca. No es fácil salir a las 6 de la mañana y volver a las 12 de la noche, como lo hago yo. El apoyo de la familia es indispensable.

El sacrificio existe, pero esto es lo que me gusta, es mi pasión.

Si tuvieras que elegir un momento que te llene de satisfacción, ¿cuál sería?

El estreno. Uno hace un esfuerzo enorme hasta el día del estreno. Le dedicamos muchas horas, durante varios meses. Hay que buscar la escenografía, adaptarla al teatro, buscar el perfil de actores que uno quiere y llevarlos a lo que uno desea que sean.

Ver todas esas horas de ensayo y esfuerzo, ya arriba del escenario, te llena de satisfacción.

¿Cómo empezaste en esto?

Yo empecé de grande, a los 40 y pico, porque era algo que me había quedado pendiente. Tenía el tiempo para hacerlo y me dije: ‘Vamos a ver qué es esto del teatro’. Empecé con una publicidad y me fui enganchando. Me postulé a varios castings y quedé en algunos, pero muchas veces los proyectos se truncaban por las dificultades económicas.

Con tantas trabas en el camino, pensé en dejarlo. Pero algo dentro de mí me decía que tenía que seguir, y ahí fue cuando me convocaron para hacer la obra “Los árboles mueren de pie”, en Lomas de Zamora. Mientras la preparábamos, en paralelo, apareció el casting del teatro Bululú y me vine porque era la oportunidad de hacer algo en Capital. Y acá estoy, desde el 2008.

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Miguel Ángel Spano, junto con Hilda Bártoli compañera de elenco en “El conventillo de la Paloma”, de Charly Palermo.

¿Cómo pasaste de ser actor a director?

Hace dos años, Charly (por Charly Palermo) era el director general de Cazadores del Arte Perdido y como la compañía era más chica, todos estábamos dirigidos por él. Un día se acercó y me dijo: “Quiero hacer ‘Jettatore‘ y había pensado en vos”. “Bueno, ningún problema. Conta conmigo”, le dije. Ni siquiera le pregunté para qué personaje. Después de contarme todo el proyecto, me dice: “Bueno, pero quiero que seas el director”. Me quedé helado, me acuerdo que dije: “Guau. ¿Y ahora?” (Risas).

Y ahora no quedaba más que afrontar el desafío. Yo había querido hacer un curso de dirección, incluso había sido asistente de dirección, pero no es lo mismo. Me animé y fue la primera obra clásica que hicimos con la compañía. La hicimos en varios teatros, valió la pena. ¿Vos querías una satisfacción? Acá tenes otra. Desde ese momento, todo lo que dirigí o asistí fueron obras clásicas.

Me dijiste que empezaste de grande, ¿qué le dirías a la gente que no se anima?

¡Que lo hagan! Muchas personas me preguntan: “¿Cómo es esto del teatro? ¿Puedo hacerlo?”. A todos les respondo lo mismo: ‘Depende de cada uno. Si hay voluntad, podes empezar a la edad que quieras. No hay edad, podes empezar a los 6 años como a los 90.’

También les diría que no es tan fácil subirse a un escenario, que es muy sacrificado. Para llegar a estar arriba de un escenario, hay que laburar mucho: horas de ensayo, investigación. Es muy complejo, pero si realmente tenes pasión, lo haces.

¿Qué es el teatro para vos?

El teatro es mi pasión. Es prestarle tu cuerpo al personaje para contarle a la gente una historia, diferente o similar a la vida cotidiana. Es una transmisión también. Uno cuando actúa tiene que sentir lo que hace, si no se siente, el público tampoco lo va a hacer.

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