En Boedo la vida tiene otro sabor

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El salón principal de la Casa Balear siempre está lleno [Foto: Casa Balear Buenos Aires]

Por Agustín Patachiuta

Son pocos los barrios que aún albergan el espíritu de reunión que, gracias a la inmigración europea, fue tan propio del siglo XX. La Casa Balear en el barrio de Boedo es una prueba de que la tradición sigue intacta: con paella, música y baile, un domingo por mes la comunidad española tiene un gran motivo para volver a encontrarse.

Fundada el 13 de agosto de 1905, la Casa Balear nació luego de varios intentos de unificar los diversos centros de residentes de las Islas Baleares de España en Buenos Aires. Su principal objetivo, además de mantener la tradición y cultura originaria, consistió originalmente en “brindar asistencia sobre el aspecto social, educativo y deportivo, para todo aquel que hubiere emigrado desde las islas hacia nuestro país a principios del siglo”.

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Placa de la Casa Balear: Asociación de Socorros Mutuos [Foto: Casa Balear Buenos Aires]

Por eso, antes de ingresar al edificio, puede notarse sobre su fachada el estilo clásico español que impregna a sus imponentes puertas de madera, el balcón que se asoma por encima, y a cada uno de los faroles que lo adornan. La luz del sol, entre sombras y reflejos, le otorga cierto color que logra diferenciarlo del resto del barrio.

Una vez dentro, un pasillo con una pequeña fuente conduce hasta la entrada del hall central. Desde aquel sitio es posible visualizar, a escasos metros, una réplica de la típica cocina balear. En este mismo lugar se ubican varias mesas que, a modo de mostrador, las mujeres utilizan para vender los más diversos platos, algunos originarios y otros que los inmigrantes fueron adquiriendo con el paso del tiempo.

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La tradicional entrada: se intenta no repetir cada mes [Foto: Casa Balear Buenos Aires]

Luego de abonar su entrada, el público comienza a formar fila para llevarse alguno de los manjares dispuestos sobre los manteles morados: sobrasada -el clásico embutido balear preparado a base de carne de cerdo-, cocas -una masa de pan cubierta con trozos de embutido y verduras picadas-, ensaimadas – el postre mallorquín por excelencia-, o hasta panets -una masa horneada rellena con sobrasada-. “El miércoles a la tarde hacemos un recuento de la gente anotada y de acuerdo a eso se va a comprar; el sábado empezamos a preparar los mariscos para la paella”, detalla una de las colaboradoras.

De pronto, una peculiar melodía surge desde los parlantes, mientras que una mujer con característico acento español canta que “entre flores, fandanguillos y alegrías, nació en España la tierra del amor…”. Esta tema popular sirve de presentación para que cuatro personas ingresen con la ansiada paella y, al ritmo de “¡Que viva España!”, se coloque lentamente sobre una mesa en el centro del salón. El público desborda de alegría y ninguno duda un sólo segundo en acercarse; todos quieren recibir su porción.

Luego de la presentación de varios artistas y con la culminación del postre, el salón ya no es el mismo. Muchos se fueron y otros tantos se preparan para hacerlo en breve. Hay nostalgia, pero también alegría. Todos saben que, si Dios quiere, la tradición los volverá a reunir el mes próximo.


Los invitamos a conocer la fecha del próximo evento ingresando a su Facebook:
Casa Balear Buenos Aires

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