Ser músico después del éxito

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Cristian Soloa y el recuerdo imborrable de la gran final [Foto: Marcekiel]

Por Agustín Patachiuta

Son los últimos momentos. Llega la escribana con el sobre y la tensión es máxima en el estudio. Marley se toma su tiempo. Luego de varios minutos de nerviosismo, finalmente lo anuncia: “El ganador de Operación Triunfo 2009, con más de 400 mil votos, es… ¡Cristian Soloa!”.

Así comenzó la carrera del mendocino que nació el 3 de febrero de 1988 en la ciudad de Palmira y dio sus primeros pasos en la música desde muy pequeño. Sin embargo, nunca imaginó el grado de popularidad que iba a alcanzar cuando a los 21 decidió presentarse al casting de Telefé.

Ahora que estás alejado de las grandes discográficas, ¿qué diferencias encontrás en la manera de crear tus canciones?

El primer disco lo teníamos que sacar rápido por una cuestión de marketing. Por eso, apenas salí me dieron todos los temas en mp3 para que los estudiara. Enseguida nos metimos en el estudio y empezamos a trabajarlo. No fueron más de dos semanas. En cambio, con Soul Music, mi actual productora, tengo la libertad de incluir temas propios. Me sentí un poco más libre, y se nota.

¿Te arrepentís de haber surgido en la televisión?

No, para nada. Soy un agradecido de todo lo que aprendí ahí adentro. Los profesores que teníamos eran unos genios, ni con toda la plata del mundo los juntás. El problema es que salís y te sueltan la mano. Uno por ahí se ilusiona con un montón de cosas, pero la realidad no es así. Entendí que es el mismo artista quien tiene que saber mantenerse vigente.

¿Creés que, de todas maneras, se puede vivir de esto?

Está muy difícil, hay mucha competencia. Fui estudiando el mercado a través de los consejos de otros artistas y managers, y entendí que, más que un artista, uno tiene que ser un relacionista público, estar en contacto con mucha gente. El problema es que uno debe ser cantante o empresario, en algo tenés que definirte.

¿Qué significa hoy para vos ser músico?

La música es lo que amo, y no sé qué sería sin ella. Por ahí uno siente el bajón y piensa ‘¿por qué no me dediqué a otra cosa?’, ‘¿cómo no me puse un negocio?’. Pero no queda otra que remarla y pedirle fuerzas a Dios para seguir luchando. No me desespero, soy feliz con lo que tengo: una familia hermosa que me acompaña todos los días.

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