Recuerdos frente a las vías del tren

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La Feria del Anticuario, frente a las vías del Tren de la Costa

Por Agustín Patachiuta

En primavera, los fines de semana están hechos para ser disfrutados al aire libre. Por eso, aquellos que viven en la ciudad suelen optar por acercarse al río o rodearse de grandes árboles, cuestiones que hacen que la zona norte del Gran Buenos Aires sea la preferida por muchos. Es que allí, además, hay sitios que parecen salidos de un cuento, y el caso de la Feria del Anticuario es uno de ellos.

Ubicada en la estación Las Barrancas del Tren de la Costa (Perú y el Río), en el bajo de Acassuso, esta feria al aire libre pertenece a la Asociación Feria de Anticuarios y lleva más de 15 años de actividad. Son cerca de 70 puestos distribuidos sobre el andén de la estación, que todos los fines de semana y feriados reciben a cientos de vecinos y visitantes de todas partes.

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La feria abre sábados, domingos y feriados de 10:30 a 19 hs

Entre los miles de objetos exhibidos hay realmente de todo. ¿Muñecas? Sí. ¿Lámparas? También. ¿Jarrones? ¡Por supuesto; y también alhajas! Pero lo mejor, más allá de las “reliquias” en sí mismas, es que los vendedores saben con qué están trabajando:
– Esta balanza de hierro con platos de latón, por ejemplo, la encontré en un mercado.
– Perdón, ¿y ese juego de tazas y platos?- pregunta de pronto un hombre que pasaba por ahí.
– Es vajilla de porcelana inglesa de la marca Johnson; aunque no está completa, es de lo que más me gusta- responde seguro el vendedor.

Pero los miembros de la asociación no sólo se dedican a ofrecer antigüedades. En tiempos de responsabilidad social, también colaboran con el centro de desarrollo humano y familiar Casa de Galilea, la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, y permiten que la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (ASDRA) pueda vender los productos que los chicos hacen en sus talleres.

Cuando está por caer la noche, en uno de los extremos de la feria, un hombre hace sonar una bocina -que puede ser de bicicleta, un auto antiguo, o quién sabe- y consigue que varios visitantes se acerquen a descubrir lo que tiene en su stand. Otros miran, pero siguen su recorrido y se apuran para no dejar pasar ningún puesto: cada uno de ellos contiene una joya que, buscada o no, seguramente tenga una historia que contar.

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